Antídoto para el sufrimiento

escalada11A veces es duro levantar la vista y contemplar la realidad tal cual es. Pero cuanto mas duro se hace ese ejercicio, más necesario es hacerlo y afrontar sus consecuencias. Lo digo porque cuando lleguemos el lunes a trabajar, quizá deberíamos replantarnos la manera en la que afrontamos el sufrimiento como profesionales. No tema, no será esta una reflexión sobre la bondad del sufrimiento. A nadie, entre los que me encuentro, nos gusta sufrir. Pero…
Es indudable que las sociedades, a medida que van incrementando su nivel de vida, tienden a la satisfacción inmediata de los deseos de sus individuos. Acceder a cada vez más productos y servicios, de cada vez mayor calidad y menor precio se convierte en una actividad rutinaria, accesible para casi todos. Ello queremos hacerlo con menos esfuerzo, por lo que reclamamos jornadas más cortas y programas de conciliación personal-profesional. Está bien: una sociedad de la abundancia enmarcada en una sociedad del ocio. Está bien… siempre que nunca perdamos de vista que las cosas buenas de la vida siempre son a cambio de algo.
¿A cambio de qué? Hasta ahora teníamos instalado en nuestra conciencia que la moneda de cambio era el esfuerzo, el sacrificio, el sufrimiento. Más horas de estudio, mejores notas, mayor recompensa. Más trabajo, mejores resultados, mayor recompensa. Pero, de repente, nuestra sociedad cambió. Estudiar más o menos se convirtió en poco relevante, ya que se pasa de curso de igual manera. Trabajar más o menos, mejor o peor, no era la medida para tener éxito en los negocios, sino la pillería a la hora de especular y obtener ganancias rápidas.
No olvidemos que la felicidad es la diferencia entre lo que se desea y lo que se tiene (y no me refiero sólo a las posesiones materiales). Cuanta más diferencia haya, más infelices seremos. Por ello, si nos acostumbramos a obtener mucho por poco esfuerzo, nos derrumbamos en cuanto que tenemos que hacer mucho para obtener poco.
Conozco fantásticos profesionales: inteligentes, trabajadores, creativos, asociativos… Pero que no llegan a desarrollar su carrera profesional como se merecen únicamente porque tienen, como se diría en el boxeo, una mandíbula frágil. Una pésima gestión del fracaso. Son derrotados no por las circunstancias o los mercados, sino por ellos mismos, ya que no son capaces de asimilar los malos momentos por los que, absolutamente todos, tenemos que pasar. No asimilan la famosa frase de que no es más hombre (o mujer) el que más alto sube, sino el que más veces se levanta.
Por ello, de usted depende como vivir con el sufrimiento. Es inevitable pasar por malos momentos. Lo que si se puede evitar es que los tropiezos nos venzan. Por ello, ante el sufrimiento, puede plantarle cara, sin miedo, a las incomodidades, a la presión, a las carencias, a los retos… Al mismo miedo en sí. Aceptar la cara amarga y costosa de la vida profesional como un compañero de viaje. O puede seguir bebiendo ese antídoto para el sufrimiento que cada vez se encuentra más generalizado en la sociedad y en las empresas: el antídoto de la mediocridad, el antídoto del conformismo.

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