Todavía no sé muy bien que le ha atraído a leer este artículo. Quizá haya sido el título. Usted se ha dado cuenta de inmediato que me refiero a la necesidad de limitar el exceso (less=menos) de jerarquía (top) en la empresa. (Nada que ver, pues, con esa costumbre que tienen algunos hombres y bastantes mujeres de descubrir su torso en las playas). Sugerir top-less en la empresa significaría promover organizaciones en las que hubiese menor obsesión por las jerarquías. Trataré de explicarlo.
Hemos construido una sociedad en la que el ciudadano cada vez es más libre y tiene más criterio para decidir. Una sociedad en la que millones de personas pueden construir opinión a través de sus blogs (no sólo los pocos editorialistas de los medios de opinión). Los ciudadanos elegimos a las personas que nos gobiernan (toleramos mal las dictaduras o las monarquías absolutistas). Elegimos a las empresas proveedoras de servicios (recientemente se han incorporado a la libre competencia las empresas eléctricas), a nuestros socios, nuestras relaciones, …
Estamos bien informados. Bien educados. Somos libres y, en general, hacemos buen uso de nuestra libertad. Aunque sigue habiendo un reducto en el que las opiniones se excluyen, la participación se veta y el criterio de funcionamiento es el mandato. Donde la recompensa va en función no de la contribución real del individuo sino de la posición que ocupa en el escalafón. Efectivamente ese lugar es la empresa.
El coste de las jerarquías es muy alto. En primer lugar, se crean reductos de poder en los que comienzan a primar más los intereses personales que los comunes de empresa. Los jefes tienen una tendencia innata a confundir los intereses de su carrera profesional con los de la empresa que les paga. Orientados a mantener o incrementar su status. En segundo lugar, la información fluye menos libremente cuanta más jerarquía hay en una empresa. La información se convierte en moneda de cambio, de negociación. Por otra parte, las organizaciones jerárquicas tienden al control y a la autoridad. Cuando todos sabemos que cuanto más control y autoridad haya, menos creatividad y compromiso existe.
Porque no deberíamos confundir jerarquía con liderazgo. Los líderes invitan, proponen, crean entornos de libertad y creatividad. No necesitan utilizar sus galones ni excesivos procedimientos de control. En términos de dirección, lo bueno es enemigo de lo mucho. Muchos directivos no garantizan la excelencia de la empresa. Mucho liderazgo si lo hace. Un profesional no es mejor por tener muchos jefes sino por tener uno bueno.
¿Cuál es la alternativa a una organización jerárquica? Una empresa con pocas estructuras, basada en los equipos, que recompense la responsabilidad real y no los galones, con múltiples canales de comunicación, orientada a resultados. Los (pocos) responsables sobre gestión de personas fomentan la autonomía, la creatividad, la responsabilidad. Ayudan a definir proyectos y contagian su entusiasmo por ellos. Ponen su inteligencia al servicio de la inteligencia de su equipo y no al revés.
Empresas que practican el top-less. Con este calor hasta apetece un poco, ¿no?
Deja un comentario