Liderar en tiempos revueltos

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Nadie le dijo que iba a ser fácil cuando aceptó un puesto que implicaba dirigir personas. Ahora bien, es cierto que ser jefe en estos tiempos es especialmente complicado. Necesitamos mucha más energía para conseguir menos resultados. Y necesitamos mucha más para motivar a nuestra gente. Por otra parte, nuestra humana sustancia nos dice que lo difícil es bello. Por eso elegimos ser jefes y aspiramos a ser líderes. Aunque a veces sea duro.

Puede que la imagen que usted está ahora reflejando es sus colaboradores, en sus clientes, en sus jefes, en sus colegas… es la de una persona abatida, angustiada. Y usted, con razón, dirá: “Soy humano, con la que está cayendo… ¡cómo no se me va a notar!” Claro que es humano, pero también es jefe (o empresario). Y, por tanto, usted tiene unas obligaciones que van con su responsabilidad. Asúmalas. Por el bien de su equipo. Por el bien de su empresa. Por su propio bien.

El refranero, que es muy sabio, dice: “A mal tiempo, buena cara” El refrán me ayuda a ofrecerle unas sugerencias:

• Promueva retos ambiciosos. Si éstos no pueden serlo en términos de resultados si lo pueden ser en términos de calidad. Olvide los periodos anuales y ponga metas más cortas. Las pequeñas victorias dan moral para seguir peleando las guerras. Todo el tiempo y energía que seamos capaces de dirigir hacia la consecución de los objetivos marcados es energía que no se va a perder en lamentos y desesperanzas.
• No se esconda. Salga de su despacho. No es momento para hacer informes o revisar presupuestos. Ya tendrá oportunidad de perder el tiempo cuando vuelvan los buenos ciclos. Ahora debe estar con sus colaboradores, con sus clientes. En primera línea de batalla. Que todos tengan la sensación de que si se escapa una bala también le puede tocar a usted.
• No permita las excusas. Solo admita planteamientos de problemas que lleven asociadas propuestas de acción. Las excusas son como células cancerígenas: dañan los organismos, se reproducen con mucha velocidad y, una vez que se admiten, es muy difícil extirparlas. Las excusas asesinan la voluntad. Solo vale conseguir lo máximo que podamos hacer, no llorar por no alcanzar lo que antes nos era más fácil.
• Mate al miedo. Los líderes generan intensidad pero son capaces de reducir los estados de ansiedad. El miedo mata las ideas y paraliza las iniciativas.
• Escuche las preocupaciones… pero poco. No importa de quien es la culpa. No importa lo grave que pueda ser una situación. Es hora de ponerse a trabajar. Un capitán de un barco que está a riesgo de irse a pique lo tendría claro: ordenes claras, empujar a la acción, comportamiento energético pero semblante sosegado.
• Tome decisiones. La actividad ocupa y permite rectificar. De la rápida rectificación saldrá una nueva decisión, ya mejorada. De nuevo, pequeñas victorias que nos harán más ancho el camino.

¿Objetivo? Tener a la gente centrada, preocupada, ocupada y con esperanza Es su desafío, es su responsabilidad, será, seguramente, su recompensa.

Se espera que los padres estén para todos los momentos pero especialmente para los momentos críticos. De los líderes se espera lo mismo. Piénselo: los buenos futbolistas sueñan con tirar el penalty en la final de la Copa en el último minuto. Los buenos violinistas con debutar en la Scala tocando la pieza más complicada. Los buenos lideres sueñan con manejar una situación de crisis. Felicidades, es su momento.

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