¡Salta! ¡Salta! ¡Salta!

jump

Tendemos a pensar (aún no sé bien por qué), que la carrera profesional evoluciona de forma lineal, continua y creciente. Un progreso intenso que empieza en nuestros primeros años de carrera, que va creciendo hasta nuestra madurez, momento en el que nos estabilizamos (en el mejor de los casos). Una suave trayectoria que, en ocasiones, se verá interrumpida por grandes progresos debidos a decisiones normalmente tomadas por otros.

Saben que siempre voy a elevar cualquier argumento sobre el principio de que los profesionales tenemos que trabajar mucho y bien. El fruto de nuestro trabajo debería valer para ser puesto en una balanza cuyo peso y medida determinaran nuestra carrera profesional. Bien sabemos que las cosas en la vida real no funcionan así. Ni siquiera la más objetiva opinión de clientes y/o colegas son los criterios más utilizados para proyectar nuestro camino hacia el éxito. Son otros los factores, son otras las reglas del juego, son otras las palancas y los frenos que finalmente nos llevan hacia donde queremos.

¿Cuales son, pues , esos factores? Ya hemos dicho que no es la regularidad de nuestro trabajo, por muy consistente o por mucha calidad que tenga el mismo. No es el simple buen hacer, o las muchas horas empleadas. No son los millones de puntos que trazan las líneas rectas de nuestra trayectoria. Digámoslo claro: Lo que realmente nos hace avanzar en nuestra carrera profesional son los saltos. Esas pequeñas (o grandes) decisiones que quiebran nuestra rutina, nuestra diaria actividad, la forma en la que siempre hemos hecho las cosas. Los saltos son esas ocasiones que habitualmente coinciden con un acto de valentía (una idea atrevida que, con arrojo, nos atrevemos a poner en práctica) o de victoria sobre la pereza (la decisión de aprender inglés que hemos atrasado durante años, por ejemplo)

Y, ahora, déjeme destacarle algo que considero fundamental. No es la magnitud de los saltos lo que importa: es la frecuencia con la que decidimos saltar. Teniendo en cuenta que los brincos que hagamos no siempre supondrán grandes victorias sobre los demás o sobre nosotros mismos. A menudo bastará con pequeños divorcios con nuestras rutinas o pequeños actos de valentía o determinación. Por supuesto que en ocasiones se presentarán oportunidades que deberemos aprovechar para pegar nuestros brincos. Pero como no es sabio dejar que la fortuna maneje nuestro destino, le aconsejo que planifique a lo largo del año momentos en los que usted mismo se fuerce a saltar.

No olvide, por último, que cuanto más salte, más fuertes serán sus piernas. Esas imaginarias piernas que le ayudarán a subir a ese sitio que usted desea.

2 respuestas a “¡Salta! ¡Salta! ¡Salta!”

  1. Buenas,
    Como leí una vez: «si quieres obtener resultados diferentes de los de siempre, tienes que hacer cosas diferentes de las de siempre.
    Saludos.
    António

  2. Isabel,
    Fantástico
    Si me lo permites añadiría que si saltas no mires atrás y que en los grandes saltos no está demás planificar un plan B
    Saludos y Felices Fiestas
    Angel

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