El mejor camino hacia la nada

He aprendido una nueva palabra: “subóptimo”. Fue creada por el economista Ken Boulding y significa “Hacer lo mejor posible algo que no debería hacerse”. La cosa es que desde que he aprehendido la palabra y su significado no hago más que encontrar ejemplos de actividad “subóptima” en la vida real. Sobre todo, en el mundo de las empresas, en la actividad diaria de los profesionales que trabajan en ellas.

“Hacer lo mejor posible algo que no debería hacerse”. Seguro que encuentra decenas de casos donde este concepto resulta aplicable. A veces, el concepto se puede aplicar a ciertas tareas que desempeñamos. Incluso se puede referir al contenido de un puesto de trabajo. En otras ocasiones, el tema se está poniendo serio, a Departamentos enteros. Incluso, fíjese bien ya que se trata de organizaciones que están en riesgo de extinción, a empresas en su totalidad.

Lo pernicioso del asunto es que el concepto subóptimo habla de hacer. Hay actividad. Hay trabajo, real y efectivo. Acciones, reuniones, informes, estudios, análisis, … Sigamos analizando el concepto: “lo mejor posible”. Ahí encontramos calidad de trabajo, compromiso, objetivos, … Lo realmente perverso de la situación es que se hace mucho y bien algo que simple y llanamente no debería hacerse. Que se pierde tiempo, dinero, recursos y lo que es peor: foco. Mucha actividad que dispersa la atención de lo realmente importante: satisfacer al cliente y que la empresa sea rentable.

¿Por qué caemos en esa trampa? Es cierto que cuanto más grande es la organización más riesgo existe de caer en dinámicas subóptimas. En una empresa grande es más fácil olvidar para qué existe, cual es su propósito y cual la vocación para la que fue fundada. Poco a poco se va creando una realidad paralela que requiere consumir numerosos recursos.

Hay, sin embargo, otras razones que nos llevan a dedicarle tiempo y recursos a tareas que simplemente no deberían existir: Por inercia. Por pereza. Porque simplemente nos lo han pedido. Porque es más cómodo mantener a la gente ocupada que conseguir resultados.

Un día alguien se da cuenta de que la cantidad de actividades subóptimas se le está escapando de las manos y ordena un recorte lineal de plantilla:”¡Hay que reducir todos los departamentos un 10%!” Quizá es demasiado complicado hacer un análisis real de la empresa que llevaría a comprobar que hay departamentos que deberían incrementar sus recursos un 50% (aquellos que van a asegurar el presente y el futuro de la empresa) mientras que hay otros que, simplemente, podrían desaparecer.

Pero contemplemos la realidad con espíritu positivo. Pasar de lo subóptimo a lo óptimo no es tan difícil. Se trata de ser valiente, inteligente. encontrar los aliados adecuados, comunicar eficientemente y pasar a la acción. El reto no es simplemente ahorrar costes. Se trata de construir un proyecto en el que las personas que trabajan para su empresas se sientan importantes haciendo tareas importantes.

Una persona inteligente, una organización inteligente es aquella que se cuestiona a si misma, que se reta a si misma. Que reserva un pequeño espacio de su tiempo no para hacer sino para mirarse al espejo y, después, actuar. Estoy seguro que trabajar en un entorno subóptimo no satisface a nadie. Así que para cambiarlo lo primero que tenemos que hacer es preguntarnos: ¿cuanto de subóptimo es el trabajo que hago todos los días? ¿cuanto de subóptimo es el trabajo de las personas que trabajan para mí?

Ahora le toca a usted. ¿Qué va a hacer esta semana para buscar los subóptimos y eliminarlos? ¿O lo dejamos para la semana que viene? ¿O la otra? ¿O…?

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