¿Por qué no premiar a las personas negativas?

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Todos tenemos alguien así en nuestro entorno:  los problemas se interpretan como crisis, las crisis se convierten en tragedias, los retos en proyectos inalcanzables. Pueden ser nuestros compañeros, jefes o subordinados. Absorven la energía de las personas que tienen alrededor porque éstas se sienten obligadas a darles palabras de ánimo o, lo que es peor, a participar en su particular gabinete de crisis. Las personas más positivas se van transmutando, de forma imperceptible, en seres de naturaleza análoga y de vez en cuando se sorprenden criticando o generando predicciones, al igual que sus compañeros negativos, escenarios catastróficos.

Todos los estados de ánimo son contagiosos en los grupos humanos. Tanto los positivos como los negativos. La ambición, la cooperación, la agilidad, el optimismo o el pesimismo se transmiten y, dependiendo del grado de permeabilidad de las personas que componen ese mismo grupo, se van consolidando en su genética grupal.

Además, somos conscientes que criticar es mucho más fácil que construir. Echarle las culpas a los demás es mucho más sencillo que asumir la responsabilidad. Pretender que todo cambie es infinitamente menos doloroso que cambiarnos a nosotros mismo. Por todo ello, no es extraño que las personas negativas tengan un rol importante, destructivo pero importante, en cualquier empresa.

Corregirlo se nos hace incómodo. Cualquiera que sea nuestra relación con ellos: compañeros, colegas, subordinados o jefes. La negatividad suele ser un rasgo de la personalidad y éstos son los más difíciles de afrontar. Al fin y al cabo «cada cual es como es». Al fin y al cabo son personas que hacen su trabajo y su participación en la creación de un ambiente negativo no esta prohibida en la descripción de su puesto de trabajo. Por último, por mucho que les ayudemos a identificar el problema, son ellos los que tienen que darse cuenta de su gravedad. En este caso, recordemos que su tendencia natural será echarle las culpas a los demás: «si las cosas funcionaran, no las tendríamos que criticar», «si esta persona fuera de otro modo, yo no tendría que ponerla en su sitio»…

Por eso les recomiendo un ejercicio. A lo mejor un poco revolucionario, sí, pero podría ser una forma diferente de afrontar un problema alineando el mensaje con la solución. Es decir, desde el positivismo, desde la constructividad. Consistiría en establecer para el grupo afectado por la persona/s negativa/s un premio mensual. Un premio a la Persona Más Negativa del Grupo. Evidentemente sería un premio simbólico, un peluche por ejemplo, adquirido por las pequeñas aportaciones de todos los miembros del equipo. El premio se concedería, claro está, a quién a lo largo de ese mes hiciese más críticas sin soluciones, agoreras predicciones, negativas valoraciones, etc. La contabilidad de las situaciones que sirviesen para conceder el premio se haría por parte de cualquier miembro del grupo. Al final del mes, el grupo se reuniría para consolidar las cuentas y, en función de las mismas, conceder el premio.

Creo que el premiado entenderá el mensaje. Creo que la persona premiada por su negatividad no lo considerará un ataque, por la forma «amable» de afrontar el problema y porque ella, en definitiva, ha participado del juego. Creo que, más pronto que más tarde, la persona negativa cambiará su actitud.

Si no lo conseguimos, al menos les habremos  proporcionado un momento feliz: ¿a quién no le gusta que le regalen un peluche?

Una respuesta a “¿Por qué no premiar a las personas negativas?”

  1. Avatar de Gabriela Iñiguez
    Gabriela Iñiguez

    JAJAJAJAJ =) Muy buena opcion!!!! Cachetada con Guante Blanco…. ohhhh si!!!!!!

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