El día que despedí a Zapatero

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“Pase, José Luis. Sí, le hice llamar. Por favor, siéntese”. Aunque Zapatero no perdía su peculiar sonrisa de oreja a oreja que le era habitual, percibí en una ligera mueca que él sabía lo que iba a suceder a continuación.  “José Luis, debo comunicarle que  la empresa ha decidido proceder a su despido. ¿Qué cuales son las razones? Por supuesto, yo se lo explico.”

José Luis seguía sin abandonar su sonrisa de jugador de póker mientras se inclinó hacia mí, como queriendo recoger físicamente las explicaciones.

–          José Luis, usted fue muy bien recibido en esta compañía, con mucha ilusión. Representaba para nosotros un soplo de aire fresco. Prometía ayudarnos a avanzar para que la empresa fuese mejor y tuviese mejores resultados. Más adaptada a la nueva sociedad. Al principio, su liderazgo y carisma nos hicieron pensar que habíamos acertado plenamente en su contratación.

Zapatero se echó hacia atrás y apoyó su espalda en el respaldo del sillón. Dirigió su mirada hacia una de las esquinas de mi despacho, seguramente rememorando los buenos, no tan viejos, tiempos.

–          Aunque pronto empezamos a detectar algunos comportamientos preocupantes, que le comunicamos para que los rectificara, usted siguió empeñado en cometer los mismos errores, pero agravado por el hecho de que cada vez mentía más para ocultarlos. Poco a poco, una de sus mejores fortalezas, el exquisito cuidado de las formas y de la imagen de sus acciones, se fue convirtiendo en uno de sus principales defectos. A usted dejaron de preocuparle los resultados de la compañía y su principal esfuerzo se dirigió a crear campañas de imagen de sí mismo que en nada beneficiaba a la empresa. Nos dimos cuenta que usted solo trabajaba para sí mismo y para su camarilla más próxima.

Interrumpí por unos instantes mi discurso, preguntándome a m mismo cómo no decidimos antes hacer lo que estábamos haciendo ahora.

–          Además, usted se olvidó de que las empresas deben tener unos objetivos comunes. Se enzarzó en una guerra con otras divisiones de la compañía en la que los únicos perjudicados son sus accionistas y sus colaboradores. No fue incluso capaz de generar cohesión y trabajo en  equipo dentro de su propio departamento. Es más, cuando los resultados de la empresa fueron a peor, usted se dedicó a manipular su cuenta de resultados, lo cual le impidió tomar las medidas adecuadas para resolver la crítica situación. Quizá ahora sea demasiado tarde. No le ayudó, sin duda, que usted se rodeara de un equipo con buena imagen, obediente pero sumamente ineficiente.

–          En fin, José Luis, podríamos seguir enumerando más elementos que han ayudado a tomar la decisión, pero creo que éstos son ya suficientes. Le deseo mucha suerte para su nueva etapa».

Discúlpeme el atrevimiento de hacer un poco de política-historia-empresa ficción. Pero sucede que me dio por pensar en lo enormemente alejados que están los mecanismos de éxito y fracaso del mundo de la política y del mundo de la empresa. Por supuesto que soy consciente de que tiene que haber diferencias importantes, pero también lo soy de lo tremendamente eficientes que son aquellas sociedades donde las diferencias no son tan importantes.  Por tanto, la reflexión anterior no pretende ser una crítica política, sino la exposición de un liderazgo mal entendido que se puede dar tanto en la política como en la empresa.

Al fin y al cabo, España es una empresa de 45 millones de accionistas en la que, como en una empresa, debería haber un propósito común y una dirección eficiente para que todos nos pudiésemos beneficiar.  Los países, como las empresas,  progresan en función de la calidad de la capacitación de sus componentes, de lo duro y lo bien que trabajamos y de lo bien que estamos dirigidos.

Ya sabe, José Luis, quizá esté a tiempo de que los españoles no le despidamos.

5 respuestas a “El día que despedí a Zapatero”

  1. Es que hoy la forma de hacer política ha cambiado. Hay que parecer que se es un buen chico, de esos que todas las madres quieren para yernos, y aunque no se tenga mucha idea de nada, pues queda bien. Y además como en la tele hasta cuando miente descaradamente mantiene esa sonrisa Mona Lisa, pues le disculpan todos los electores, porque el pobre hace lo que puede.
    Y así nos va, con la connivencia de los medios más destacados y la total y absoluta desinformación de los electores quienes van a cobrar 420 € para no morirse de hambre. Y mientras tanto a esperar.
    Seguramente después de que se reunan ZP y Obama se acabará el problema y empezaremos a crecer. Y si no es así pues a esperar porque el chico más no puede hacer.
    ¿Cómo puede ser Consejero Delegado de un Empresa alguien que por no tener cargos de responsabilidad no ha sido ni concejal de su pueblo? ¿Sabrá lo que tiene entre manos?
    Ya somos demasiados los que pensamos que no, que hay que despedirlo, la pena es que con él tendría que irse el que lo eligió, y no me refiero a Pascual Maragall.

  2. Lo cierto es que la política me interesa bastante poco, por no decir nada. Sin embargo, desde hace unos dias admiro profundamente a Zapatero, porque ha demostrado un don que a mi me gustaría conseguir sobre el respeto a los demás.
    Me ha maravillado como ha permitido que sus hijas se expresen como ellas sienten, aún en una situación que para él podría ser realmente complicada y, así ha sido.

  3. Me han encantado tus comentarios sobre la empresa sensual, cre que es la mejor manera de conseguir resultados gestionando personas y que estas se sientan felices y dispuestas.
    En mi unilde opinión, creo que te sobran los comentarios sobre Zapatero, Puedes hacerlo libremente como lo has hecho, pero creo que te sobra.
    ¿Imaginas por un momento al Sr. Rajoy al frente de esta empresa de tantos millones de españoles, con su talante absolutamente autoritario, su facilidad de mentir y con dos legislaturas torpedeando cualquier iniciativa?.
    Felicidades por ese estupendo libro.

  4. PERDON: QUERÍA DECIR HUMILDE en vez de unilde.

    Me han encantado tus comentarios sobre la empresa sensual, cre que es la mejor manera de conseguir resultados gestionando personas y que estas se sientan felices y dispuestas.
    En mi humilde opinión, creo que te sobran los comentarios sobre Zapatero, Puedes hacerlos libremente como lo has hecho, pero creo que te sobra, porque para gustos los colores y los políticos.
    ¿Imaginas por un momento al Sr. Rajoy al frente de esta Gran Empresa de tantos millones de españoles, con su talante absolutamente autoritario, su facilidad de mentir, su absoluta indefinición permanente y con dos legislaturas torpedeando cualquier iniciativa y sin apoyar un solo proyecto?. No quiero ni pensarlo.
    Felicidades por ese estupendo libro.

    1. Muchas gracias por tus palabras acerca del libro. Y muchas gracias por tus críticas. Pero déjame hacerte un comentario sobre mi post acerca de Zapatero: no tengo afiliación política, ni siquiera simpatías políticas. A mi las dos Españas me hielan el corazón, cada una a su manera. Si critico a Zapatero es porque creo que no lo hace bien, como lo haría con Rajoy o con quien fuese. Me siento lejos de los planteamientos dominantes en la política. Los españoles tenemos cierta tendencia a ver la política como si fuera un partido de fútbol: unos ganan y otros pierden. Ganan nuestros votos por la fiebre que sentimos al sentirnos parte de un bando, no por la excelencia en su gestión. Pienso que en ese espectáculo sólo ganan ellos. Pero admito tu crítica: eso es lo que le pasa a un apolítico cuando se mete en política.

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