El brillo del hombre invisible

anonimo

No apareces en las páginas salmón de los diarios económicos. No concedes entrevistas a periodistas que quieren explicar a los demás cómo ser como tú. No trasmites tus conocimientos (aunque los atesoras en mayor cantidad que nadie) en prestigiosos centros del saber empresarial. Nadie escribe libros donde te pone como ejemplo, aunque sin profesionales como tú las más sólidas empresas se desvanecerían como livianos castillos de naipes.
Sin embargo, eres la clave para que las empresas funcionen. Las buenas y las menos buenas. Porque a pesar de que los méritos se los llevan otros, tú perteneces a esa clase de profesionales que producen más resultados, genera menos problemas y necesitan menos supervisión. Y lo haces de forma callada, alimentando tu motivación sólo a través de tu enorme sentido de la responsabilidad.
A veces te toca aceptar como otros con menos méritos son promocionados. Gente que se ha preocupado más por agradar a su jefe que por hacer su trabajo. Profesionales que son relaciones públicas de si mismos, a los que les cuesta poco engañar a sus jefes. Porque sus jefes son como ellos. Ni siquiera te alegras cuando su estela se va agotando. Ni siquiera te enojas porque el mérito de tu trabajo se lo atribuyan otros cuyas únicas virtudes son las de parasitar el mérito ajeno.
Sí, claro que sí, te gustaría tener más reconocimiento. Por supuesto que te agradaría que tu compensación reflejara mejor la contribución real que le proporcionas a tu empresa. Pero cuando llegas a tu puesto de trabajo ese malestar casi se olvida y te vuelves a centrar en lo que tienes que hacer, en lo que debes hacer.
Aunque hay empresas que sí te valoran. Prefieren rodearse de hombres y mujeres capaces que puedan desarrollar su trabajo en un ambiente que valore los resultados y no las conciencias políticas. De hecho, son empresas que alimentan el deseo de sus profesionales por alcanzar sus metas  ofreciendo carreras basadas en proyectos y no en galones. Lo extraño es observar que, todavía hoy, esas empresas de envidiables resultados siguen siendo la minoría.
Pero que no se engañe nadie: eres ambicioso, muy ambicioso. Pero tus objetivos no se consiguen en función de los escalones que subes en tu carrera profesional ni las cabelleras que tienes que cortar para que tu nombre sea pronunciado cada vez con más respeto. Simplemente, trabajas por satisfacer a las personas que en algún momento han confiado en ti.
Aunque, realmente, lo que te enoja es que te tomen por tonto. Puedes pasar (casi) por alto que te traten con injusticia, cuando tu empresa da más a quién merece menos. Pero no toleras que te engañen o que te traten como un niño. Que se confunda la humildad con la ingenuidad.
Eres, simplemente, un buen profesional. Mi reconocimiento y mi agradecimiento. Sé que no los necesitas, porque a ti te basta con hacer bien las cosas. Pero quiero aprovechar esta columna para, públicamente, pedirte disculpas por no haber reconocido suficientemente tu trabajo cuando me he cruzado contigo como cliente o colega. Me descubro ante ti, un poco cegado por tu brillo, mi admirado hombre invisible.

6 respuestas a “El brillo del hombre invisible”

  1. Hola autor, me ha encantado ver que todavía hay gente que reconoce y valora lo que llamas el brillo del hombre invisible. Si me permites una sugerencia, yo lo titularía «la opacidad del hombre brillante», puesto que como bien dices, es la persona que a nivel profesional es realmente brillante en su trabajo, pero casi no se le ve, no busca el reconocimiento ajeno, se le reconoce poco porque normalmente pasa desapercibido, no se hace de destacar ni intenta sobresalir sobre la mediocridad de los demás, pero es realmente brillante. ¡Qué necesitadas están muchas empresas de hombres de estas características y qué sobrados de personal inepto, trepa y adulador que dedica más tiempo a ver cómo puede aprovechar los logros ajenos que a currarse los suyos propios! Sin embargo a estos último siempre les falta algo, son los eternos insatisfechos porque nunca consiguen lo importante: la autorrealización, la satisfacción del trabajo bien hecho y la sensación de haber dado todo de sí.

  2. Hola!
    llegué a este sitio buscando imágenes y al recorrerlo un poco estoy sorprendida por dos cosas. Por un lado la elegancia y la fineza para enlazar el tema empresarial con la sensualidad.

    Y por el otro, por la claridad para describir el brillo del hombre invisible. En mi caso soy mujer, pero he tenido un papel similar en mi escuela primaria, solo que me han hecho saber del puntal que era para la institución. Claro, no es exactamente una empresa convencional. Me he sentido reconocida y valorada. Solo no accedí a cargos directivos por considerar que dirigente no es cualquiera, aunque se puede aprender, hay que nacer con un mínimo carácter para enfrentar y resolver situaciones con los «grandes», que a veces se comportan peor que los chicos.

    Por último, me tomo el atrevimiento de hacerle llegar una inquietud, ya que ví que ha trabajado para Hewlett Packard, lo cual hace suponer que podría tener contacto con ésta u otras empresas del rubro.

    Sería tan amable de facilitarnos alguna forma de dirigirnos a ellas para pedir la donación de alguna computadora para el «Hogar Crecer»?
    Como sabrá, en Argentina se venden todas las primeras marcas.

    Desde ya, muchas gracias y nuevamente felicitarlo por el espacio.

    Corina

    1. Hola! Muchas gracias por tus palabras. A mi también me pasa que busco una cosa en Internet y encuentro otra que también me interesa. En cuanto a tu petición, he hablado con mis amigos de HP para que la dirijan al departamento adecuado. Un saludo para tí y tu maravilloso país

  3. Hola Jesús.

    He de decirte que me he visto reflejada en cada uno de los comentarios de este artículo e incluso he de reconocer que hasta me he emocionado. Sin embargo, de vuelta, ya con los pies en el suelo, me ha surgido una duda ¿los hombres y mujeres invisibles, los que no “brillamos”, estamos condenados a ser eso “empleados de primera en segunda fila”? ¿Debemos conformarnos con la palmadita en la espalda? Quizá tengas razón en que nos baste con hacer bien las cosas, pero, por si cambio de opinión, me encantaría que me dieras un poco de luz y poder llegar a brillar, aunque fuera un poco, como campanilla.

    Mil gracias.

    1. Muchas gracias por tus palabras. En primer lugar, me gustaría decirte algo que tú ya sabes: el brillo no depende de lo mucho o lo poco que se aprecie. El brillo se tiene o no se tiene. A partir de ahí, lo que entra en juego es el interés y la energía que se emplea en «vender» nuestro trabajo. Emplea tiempo y energía en hacerlo y será un buen primer paso. Seguramente en sucesivos posts hablaremos más de ello. Un cordial saludo

  4. Hola:

    Me ha encantado esta forma de expresar lo que sin duda es, en mi opinión, una forma optimista de ver una situación que se parece mucho a la mía.

    Seguro que no tengo ni un quinto de la brillantez de la que habla. Ya que llevo cerca de doce años haciendo tareas de auxiliar administrativo; para que los «altos cargos», no tengan ni que pensar para hacer sus cálculos», y aunque carezco de las cualificaciones y «formaciones» necesarias para ese puesto, lo desempeño sin ningún problema.

    Creo que más que hombre invisible brillante, pertenezco a un primo hermano llamado «comodín»: ese empleado cubrevacaciones, cubrebajas, cubreausencias, cubrepuestosvarios que nadie valora pero que todos necesitan, que no se queja y al que por suerte (o por desgracia) le gusta su trabajo; aunque tenga alguno de eses días en los que piense que realmente no vale para nada y al que sólo reconocerán su valía cuando se vaya de vacaciones quince días seguidos (cosa de la que la empresa se encarga ;nunca pase).

    Saludos y suerte

    Y después de leer su escrito, con más ganas de formarme «oficialmente», así que muchas gracias y suerte.

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